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El rabogato, un indeseable visitante

La presencia de flora exótica invasora pone en peligro nuestros hábitats

En anteriores artículos nos hemos acercado a distintas especies de flora nativa presentes en el Parque, pero en esta ocasión vamos a poner el foco en una especie exótica que puede generar problemas ambientales a este entorno en un futuro próximo.

Se trata del rabogato (Pennisetum setaceum), una planta considerada como especie exótica invasora e incluida como tal en el Real Decreto 630/2013, de 2 de agosto, por el que se regula el Catálogo español de especies exóticas invasoras.

La Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, define una especie exótica invasora como “aquella que se introduce o establece en un ecosistema o hábitat natural o seminatural y que es un agente de cambio y amenaza para la diversidad biológica nativa, ya sea por su comportamiento invasor, o por el riesgo de contaminación genética”. El rabogato responde con exactitud a esta descripción.

Foto: Rabo de Gato en San José © Jardín Botánico

Esta especie, originaria del nordeste de África, está naturalizada desde la década de los 60 en las Islas Canarias, y en el territorio peninsular se observó por primera vez fuera de cultivo en 1989 en Alicante. Aunque es en las Islas Canarias donde lleva años produciendo serios problemas, ya aparece naturalizada en el litoral andaluz desde Málaga hasta Almería, Alicante y Valencia, siendo progresiva su expansión. Su introducción fue intencionada, para un uso ornamental derivado de la belleza de sus inflorescencias plumosas.

 

Se trata de una hierba perenne de hasta 130 cm que forma densas macollas, con hojas acintadas de hasta 30 cm x 3 mm, con una costilla marcada por el haz y espigas de color rosado, rojizo o púrpura de hasta 30 cm. Cuando no está en floración pasa desapercibida por su aspecto similar a otras gramíneas nativas como el cerrillo (Hyparrhenia hirta) o incluso el albardín (Lygeum spartum) o el esparto (Stipa tenacissima).

Su capacidad de invasión radica en su excelente mecanismo de dispersión y en su sobresaliente capacidad de adaptación. Florece desde marzo hasta septiembre, produciendo muchas semillas incluso en ausencia de polinización por un mecanismo que consigue la multiplicación de sus óvulos. La dispersión de estas semillas, que pueden permanecer hasta 6 años en el banco de semillas del suelo, está favorecida por las turbulencias de aire creadas por el paso de los vehículos, de ahí su abundancia en los arcenes de las carreteras; pero también el agua, la fauna silvestre, los animales domésticos y los humanos contribuyen a su transporte (en el transporte de restos de jardinería, p.e.). Tolera diversidad de sustratos (ácidos, calizos, arenosos...) y una vez instalada, puede vivir más de veinte años, resistiendo sequías, altas temperaturas e incluso incendios pues tiene la capacidad de rebrotar de raíz. Podemos encontrarla naturalizada en cunetas, en matorrales, pastizales, acantilados marinos…

Su principal afección en el medio natural es la modificación que produce en el hábitat porque compite con la vegetación nativa, formando rodales monoespecíficos que desplazan a las formaciones silvestres, altera los regímenes hidrológicos, la dinámica de nutrientes, la disponibilidad de luz, cambia el pH y la salinidad del suelo y modifica el régimen de incendios.

 

 

Foto :
Rabo de Gato en San José © JB
Rabo de Gato © JB
 

¿Cómo podemos controlarla?
Pues aun no se conoce ninguna medida de control biológico y su erradicación es muy complicada. Las medidas preventivas resultan la mejor estrategia a seguir. La retirada manual sólo es completamente efectiva si se arrancan las plantas con raíz incluida antes de la formación de semillas. Si éstas ya están formadas, deben introducirse las inflorescencias cuidadosamente en una bolsa y quemarse. Generalmente, la retirada manual requiere la realización de varias repeticiones o pasadas a lo largo del año para eliminar a todos los individuos, incluidos los juveniles que suelen pasar inadvertidos.

En caso de invasión fuerte, los métodos mecánicos por sí solos no son suficientes, siendo necesario el empleo de fitocidas sistémicos de preemergencia, que deberán aplicarse cuando las condiciones ambientales y legislativas lo autoricen y siempre tomando las medidas de protección durante su empleo, y con posterioridad, respetando los plazos de seguridad.

 
Foto : Rabo de Gato © JB
 

El rabogato está presente en Almería desde 2002, aunque fue posterior su introducción en el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, donde ya se localizó en 2009, fundamentalmente en los alrededores de entornos urbanos, originados a partir de ejemplares utilizados en jardinería privada. Es en 2012 cuando la Consejería de Medio Ambiente, a través de su Programa de Exóticas Invasoras, aborda una actuación de control que se ejecuta en distintos puntos de la provincia; y en el Parque, sobre los núcleos de San José, las Salinas de Cabo de Gata y algunos puntos cercanos a los límites del Parque. Pero en la actualidad, a pesar de aquellas medidas de control, vuelve a estar presente.

Sería aconsejable que los particulares, aquellos que aún cuenten con esta especie en sus jardines, la eliminasen adoptando las precauciones que se han comentado con anterioridad, para que no sigan actuando como focos de dispersión. De cara a la posible adopción de futuras medidas de control, sería idóneo documentar todos los núcleos en los que se tiene constancia de su presencia para poder priorizar la intervención en aquellas zonas más sensibles por su potencial daño al medio natural.

Optemos por especies de flora silvestre para nuestros jardines o de flora alóctona, cuyo comportamiento no invasivo esté demostrado, evitaremos así contribuir a una de las mayores causas de pérdida de biodiversidad en la actualidad: las especies exóticas invasoras.

Jardín Botánico El Albardinal
Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio