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A pesar del uso de venenos
por parte del hombre, el zorro resiste la presión
humana y se distribuye por toda la Sierra de Cabo
de Gata y zonas rurales adyacentes. Recorre las
lomas y las ramblas incansablemente, utilizando
como madrigueras huras de conejo agrandadas o
restos de galerías y minas derruidas. Sus
correrías nocturnas se hacen evidentes
por la gran cantidad de deyecciones que deposita
en lugares estratégicos (rocas, arbustos,
lindes de caminos, etc.) que delimitan, a nivel
olfativo, sus territorios frente a otros congéneres;
sus huellas quedan marcadas en el cieno arcilloso
de los charcones salinos que visita, buscando
huevos y pollos de limícolas, durante la
época de cría.
Su alimentación
es muy variada y consiste en ratones, topillos,
conejos, huevos de aves, insectos grandes e incluso
los frutos de la higuera y el palmito, tampoco
desprecia los restos de animales, es un auténtico
omnívoro. Cazadores solitarios, ágiles
y veloces, su territorio de rastreo puede llegar
a ser de 8 km2, área que defiende de las
incursiones de otros zorros.
Se aparean a mediados del
invierno y, tras un período de gestación
de 49 a 56 días, la hembra se retira a
una madriguera subterránea y suele parir
una camada de 8 cachorros. Los zorreznos nacen
con los ojos cerrados y son atendidos por padre
y madre durante las primeras cinco semanas. En
otoño, los progenitores obligan al joven
zorro a abandonar el territorio familiar. Se cree
que los zorros comunes se emparejan para toda
la vida; llegan a vivir unos 12 años.
M. Goya
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