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Los agricultores empiezan
a estar en peligro de extinción, están
tan amenazados como el Parque, los pozos de los
que regaban sus padres y abuelos se están
salinizando mientras contemplan cómo día
tras día se siguen haciendo desmontes y
nuevas fincas, proliferando los sondeos ilegales.
Reciben ofertas de agua desalada de Carboneras
y de Rambla de Morales, sin ninguna información
por parte de la Administración sobre la
garantía de estas ofertas y el porqué
de la duplicación de las mismas, se les
presiona para que compren agua y se les amenaza
con que se van a quedar sin ella. Aqullos que
ante el deterioro del agua de sus pozos han hecho
su pequeña desaladora para poder seguir
regando sus fincas viven con el temor de que se
las cierren, pues saben que si no lo han hecho
hasta ahora es porque también tendrían
que cerrar esas otras desaladoras de gran tamaño,
también ilegales. Los mismos que se dedican
al negocio de la venta de agua, son las que están
permitiendo la puesta en marcha de esas grandes
fincas a la espera del agua subvencionada.
En este estado de temor
y confusión los propietarios de la zona
empiezan a recibir visitas de posibles compradores
para sus tierras. Con sus pozos salinizados, amenazados
con el cierre de sus desaladoras, con miedo a
ser engañados en este mercadeo de agua
desalada y preocupados por los malos presagios
que se aventuran para el sector, se están
convirtiendo en un blanco perfecto para los especuladores.
Si este territorio tiene
vocación turística no puede ser
otra que la de un turismo de naturaleza, y nadie
mejor que los vecinos de la zona para reconvertir
el sector de la agricultura intensiva al agroturismo,
porque ellos disponen de un saber hacer de manejo
de la tierra, del viento y del agua transmitido
de padres a hijos y que es recuperable, porque
pueden acoger al visitante como quien recibe en
su casa ¡porque es su casa! Y bastaría
que se le diera la información, el asesoramiento
y el apoyo económico necesario para hacer
de los cortijos de la zona el más bello
y sostenible de los complejos turísticos.
Lo otro, dejar que la gente
del lugar se vaya y convertir el paisaje de Almería
en grandes islas de cesped regadas con agua desalada
y rodeadas de apartamentos para el verano, resulta
tragicómico. Basta leer los periódicos
diariamente empeñados en hacernos a todos
jugadores de golf. Dan ganas de reir y llorar
al mismo tiempo.
Amigos del Parque
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