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Cuál no fue nuestra
sorpresa cuando hace unos días la prensa
local publica que la Administración está
en trámite de adjudicar el proyecto para
la regeneración de la playa de La Fabriquilla
y que esta regeneración ocupará
una superficie inmensa, hasta alcanzar la población
de San Miguel de Cabo de Gata (imaginamos que
es un error). La noticia continuaba con loas a
la Administración por emprender una actuación
incesantemente solicitada por los habitantes de
La Fabriquilla y anunciada desde 1996.
No parece que sea factible regenerar tal superficie
de costa dentro de un Lugar de Interés
Comunitario (LIC), ya se alegaron los inconvenientes
medioambientales, cuando tal regeneración
se proyectó en los planes especiales del
litoral. En cualquier caso, la Administración
la autorizó en 2003. Esta Asociación,
al igual que las restantes, se opondrá
a tal proyecto. Si fuéramos mal pensados,
diríamos que esa regeneración se
hace indispensable para poder abordar el proyecto
de urbanización. Como sucede en Macenas,
la actuación sobre la playa permitirá
ampliar los metros de distancia que se necesitan
con la línea del mar, pero, además,
en el caso de La Fabriquilla, se evitaría
el peligro de inundación. Evidentemente
hay que pensar también en los intereses
particulares. ¿Qué pasa con los
vecinos de La Fabriquilla que ven inundarse sus
casas? Nosotros entendemos que todos los que fueran
residentes y con propiedad en La Fabriquilla con
anterioridad a 1987 (momento a partir del cual
cualquier construcción posterior ha de
considerarse ilegal) deben ser resarcidos económicamente
por la Administración. Para respetar la
zona de servidumbre la administración debería
expropiar. Hay quien piensa que nadie tiene culpa
de que se hayan construido casas tan cerca del
mar, porque sería un riesgo equivalente
al que cada cual tiene que asumir si se produce
un terremoto. En caso de catástrofe, ninguna
administración está obligada a indemnizar,
salvo que tenga algún tipo de responsabilidad
en el agravamiento de las consecuencias de la
catástrofe.
En cualquier caso, sería
una medida muy poco costosa, sobre todo si se
la compara con los millones de euros que requerirá
la regeneración, porque, además,
¿cuántas casas y habitantes tenía
La Fabriquilla en 1987? ¿dos, cinco? En
estos momentos, La Fabriquilla se ha convertido
en un pequeño núcleo urbano, hasta
con dos alturas, pero casi todo es ilegal. Por
tanto, la demolición, que es lo que procede,
debe correr a cargo del infractor. Esperemos que
las administraciones implicadas hayan actuado
con diligencia en el cumplimiento de la ley y
estemos a punto de ver La Fabriquilla tal y como
era en 1987.
¿O será entonces que la regeneración
no tiene nada que ver con esos testimoniales habitantes
de La Fabriquilla?
Amigos
del Parque
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