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La cola suele alcanzar
una longitud superior a la de la cabeza y el cuerpo
juntos. La cabeza de la gineta es pequeña,
con grandes orejas, grandes ojos de pupilas verticales,
adaptados a la visión nocturna, y bajo
los ojos tiene unas características manchas
blancas. Esta bella y estilizada amazona
cazadora es de hábitos principalmente
nocturnos, cuando caza se muestra ágil,
silenciosa y es un espectáculo de precisión.
Su olfato y oído son finísimos.
Muchas veces trepa por
los árboles en busca de sus presas, pudiendo
saltar de rama en rama, con enorme agilidad, equilibrándose
con la cola. Esta experta cazadora atrapa a sus
presas pequeñas con las garras, que cuentan
con uñas retráctiles, y para doblegar
a las presas de medio tamaño suele morderlas
en el cuello. Su alimentación se compone
de conejos, liebres, roedores, aves, anfibios,
reptiles, invertebrados, incluyendo algunas frutas.
La gineta hace sus madrigueras
tanto en el suelo, protegidas por matorrales,
como en los árboles. La época de
celo es amplia aunque el punto álgido está
entre febrero y marzo. La gestación dura
unos dos meses, tras los que la gineta suele tener
una camada de 2 o 3 crías, que no abren
los ojos hasta una semana después del nacimiento,
y no se independizarán hasta que no tengan
entre 6 y 9 meses. La madurez sexual está
en torno a los dos años y su longevidad
entre los 6 y 8 años. En nuestro Parque,
la gineta puede encontrarse en las zonas de sierra
menos secas, es raro que aparezca en zonas desérticas.
La gineta, aunque no es una especie amenazada,
sí está estrictamente protegida.
Sus enemigos naturales
son las grandes rapaces y los grandes carnívoros.
La consideración, por la población
rural, de la gineta como una alimaña, el
haber sido muy codiciada para la taxidermia, la
utilización de su piel en peletería
y los atropellos en caminos y carreteras, hacen
del hombre que la introdujo su principal enemigo;
por lo que no es extraño que la gineta,
antaño domesticada y casera, actualmente
evite a toda costa las proximidades de los núcleos
urbanos, cada día más abundantes
y desnaturalizados.
Mariano Torrero
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